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Antonio Pérez Carmona

Tres soluciones para conseguir equipos fuertes pigmalión o gólem, ¿cómo influyes en tu equipo?

“Hiperoxia de información”, otra forma de desmotivar. 

Sabemos lo importante que es la comunicación en las organizaciones (y en la vida en general), hasta tal punto que es imposible no comunicar.

Siempre comunicamos, da igual que sea de manera consciente o inconsciente. Nuestro interlocutor, nuestro equipo o nuestro cliente percibirá e interpretará un mensaje.

Ocurre como con el salario emocional. Siempre pagamos un salario emocional a nuestros colaboradores, tanto si queremos como si no, tanto si somos conscientes como si no.

Hoy quiero explicar que existe otra forma de desmotivar a nuestros colaboradores (o de motivar, si la evitamos), justamente opuesta a la falta de comunicación (“hipoxia” de información).

Se trata excedernos en la comunicación de datos sobre un proyecto que llevamos entre manos pero que está en fase de desarrollo y, por tanto, sufre cambios hasta su cierre definitivo.

En principio puede generar “un chute de energía positiva” porque activa los sistemas cerebrales de recompensa, liberando dopamina (sensación de placer) ante la expectativa de ganar dinero.

Pero si esta información es inestable o cambia abruptamente, puede tener efectos secundarios graves para nosotros como directivos:

 

El exceso de información puede intoxicar la relación y deteriorar la motivación.

 

El principal efecto secundario que puede tener es que perdamos nuestra credibilidad y, con ella, la confianza de nuestro equipo.

Aunque pueda parecer inocuo (algún directivo me ha dicho: “no hace falta estar ‘a partir un piñón’ con todo el mundo”), la pérdida de credibilidad y confianza conlleva una pérdida de energía (e-moción) y, por tanto, del desempeño de nuestro equipo.

Y es que no se trata de “estar a partir un piñón con todo el equipo”, sino de comunicar desde el respeto y la empatía, como personas que trabajan junto a nosotros en pro de un objetivo común.

Si mis colaboradores no confían en mí, como directivo, su desempeño se verá afectado. Y con él, mis resultados. No sé si vemos la gravedad del asunto.

A veces, en un afán por dar noticias positivas sufrimos verborragia (hemorragia verbal) y nos precipitamos ante una información que no está confirmada o ante la que no hemos atado todos los cabos.

 

Verborragia

Sería un mensaje más o menos así: -Hola equipo. Tengo un proyecto que os va a encantar. Se trata de un producto que va a hacer brillar a nuestros clientes. Todos incrementaremos nuestros ingresos de forma jugosa. ¡Va a ser la bomba!

Esto, que en un principio puede parecer magnífico (por su aparente positividad) no lo es tanto si a los pocos días verificamos que esos “cabos sueltos” que dejamos, no nos permiten cumplir lo que dijimos o alteran el proceso previsto (a mí me ha pasado y he pagado las consecuencias).

Esto nos obliga a cambiar nuestra versión (si no lo hacemos será peor) y las expectativas que habíamos generado en nuestros colaboradores se vienen abajo:

 

-Hola equipo. Estoy teniendo problemas con el acuerdo de distribución del producto (“son la leche”, me ponen mil trabas). Igual tengo que simplificarlo y no podemos ganar tanto dinero pero igualmente será muy interesante, ya lo veréis.

Esto activa el sistema cerebral de aversión a la pérdida, experimentando sentimientos desagradables ante la reducción de la expectativa inicial.

El problema se agrava cuando vuelve a haber cambios en las expectativas sobre el proyecto (cosa normal en algo que no está cerrado y confirmado). Esto implica una nueva comunicación de información al equipo:

 

-Hola equipo. He hablado con algunos posibles clientes y no son capaces de ver la utilidad del producto. Estoy “sudando sangre” para conseguir si quiera que me escuchen. Me tenéis que ayudar a vender. Tendremos que trabajar mucho al principio y ganar poco, pero a la larga igual es rentable.

Imagínate esto, repetido una y otra vez, cómo nos puede afectar cuando recibimos información cambiante, contradictoria y con más pobres expectativas. Nos hunde la motivación, especialmente si no tenemos el control del proceso. Dan ganas de salir corriendo.

A nuestro equipo, cada vez que nos vea acercarnos se le activará el sistema cerebral de aversión a la pérdida y pensará “ya está otra vez aquí este pelma. Seguro que viene con el rollo del magnífico proyecto. A ver si lo puedo esquivar esta vez porque me hace perder un tiempo precioso”, experimentando rechazo y desinterés.

¿Solución? No comunicar la información de un nuevo proyecto hasta que estén atados todos los detalles (o al menos no lanzar “las campanas al vuelo”), porque hasta entonces estaremos jugando solo con hipótesis o meras suposiciones, pero no con hechos.

Te harás un favor a ti y a tu equipo. Evitarás tener que volver a comunicar una y otra vez en detrimento de las expectativas

Evitarás pérdidas de tiempo y ahorrarás mucho dinero evitando disminuir la productividad de tu equipo.

¿Y tú, desmotivas a tus colaboradores con “hiperoxia de información”?

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