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Antonio Pérez Carmona

Nacimiento de La Línea de la Concepción

Negociantes, comerciantes y sencillos trabajadores quisieron que La Línea, fuera un municipio independiente de San Roque, controlado por militares, terratenientes y aristócratas. La oposición social y política de ambas poblaciones hace compresible su separación, no sin bastantes impedimentos y el lógico posicionamiento en contra de San Roque. Fue el 17 de enero de 1870 cuando se autoriza la segregación de La Línea del Ayuntamiento de San Roque, y se le conceden los pastos, frutos, aprovechamiento y sus usos públicos comprendidos en el término jurisdiccional.

Así nace con poco más de 300 habitantes La Línea de Gibraltar, nombre que heredó la población de la fortificación junto a la que nació. El casco urbano del recién nacido municipio se comprende entre la actual Plaza de la Iglesia, la Plaza de la Constitución, calle Real, la calle Jardines y la Avenida España. Tiene un cementerio, la comandancia, una aduana, un cuartel de carabineros y otro de soldados, más allá, el barrio del Espigón y lejos, en la playa de levante, La Atunara/Tunara, barriada de pescadores que no nació como un barrio más de La Línea, sino que sus orígenes datan nada más y nada menos que 640 años antes que la propia ciudad. Entre todo esto muchos huertos: el de Pedro Vejer, Mondéjar, del Inglés, Fava, Recagno, Genovessa, Russi, etc..

El 20 de julio de 1870 se constituye el ayuntamiento de La Línea de La Concepción, siendo su primer alcalde-presidente Lutgardo López Muñoz, elegido por una comisión de vecinos designados por la Diputación Provincial. En la primera sesión del nuevo ayuntamiento, se procedió a la elección del nombre con el que desde entonces debería ser conocida esta población y de forma unánime se decidió el de La Línea de la Concepción, por ser la Inmaculada Concepción la patrona del ejército español en esas fechas. Este nombre fue cambiado en varias ocasiones, pero persiste la propuesta primitiva, y es en 1883 cuando vemos aparecer este nombre en los libros de actas.

En 1913 el rey Alfonso XIII otorgó el título de ciudad a La Línea de la Concepción.

La Guerra de Sucesión Española y la ocupación inglesa de Gibraltar

Al morir Carlos II El Hechizado, sin heredero a la Corona de España, estalló la Guerra de Sucesión Española entre los dos pretendientes principales al trono español, Felipe de Anjou y el Archiduque Carlos de Austria. El primero de ellos contaba con el apoyo de Francia (era nieto de Luis XIV de Francia) mientras que Austria, Inglaterra y Holanda eran partidarias del segundo, por temor al daño que podría causar a sus intereses el surgimiento de una potencia del calibre de la resultante tras una hipotética unión de las casas reales francesa y española.

En agosto de 1704, mientras regresaba a Lisboa tras el infructuoso intento de tomar la ciudad de Barcelona, una flota anglo-holandesa con 45 navíos de línea británicos y 10 holandeses bajo el mando del almirante Sir George Rooke tomó la ciudad de Gibraltar en nombre del Archiduque Carlos de Austria. Las fuerzas de desembarco estaban formadas aproximadamente por unos 10.000 hombres al mando del Príncipe de Darmstadt, jefe de las tropas partidarias del Archiduque Carlos de Austria, mientras que la Plaza de Gibraltar contaba sólo con un centenar de piezas de artillería en su mayoría inservibles y su guarnición ordinaria formada por 60 ó 70 hombres bajo el mando de Diego de Salinas, a los que se sumaron voluntarios y vecinos armados hasta rondar las a todas luces insuficiente cifra de 400 hombres.

Las hostilidades dieron comienzo el día 2 de agosto de 1704. La flota anglo holandesa, con sus 1.500 piezas de artillería, disparó 30.000 proyectiles en unas seis horas, demoliendo gran parte de las fortificaciones de la plaza.

Gibraltar cayó el 3 de agosto de 1704. En teoría las fuerzas anglo-holandesas no llegaban con ánimo de invadir ni conquistar ninguna parte de España sino de proteger y liberar a los españoles del pretendiente francés al trono de España, Felipe de Anjou. Sin embargo, una vez tomada la plaza, el almirante Rooke, arrió el estandarte del Archiduque Carlos -izado por el príncipe de Hesse- sustituyéndolo por el inglés al tiempo que proclamaba a la reina Ana, dueña y señora del Peñón de Gibraltar. La población española de Gibraltar optó por trasladarse en bloque, lo mismo que su guarnición. La mayoría buscó refugio en los alrededores de la ermita de San Roque, con la esperanza de que la situación se restableciera en poco tiempo y pudieran volver a sus hogares, fundándose en 1706 la ciudad de San Roque, donde como reza su lema “Reside la de Gibraltar”, para que no se olvide cuál fue su origen. Su término municipal comprendía los terrenos donde más tarde nacería La Línea de la Concepción. Parte de los gibraltareños originales optó por trasladarse a las cercanías de la ermita de San Isidro, dando así origen años más tarde a la villa de Los Barrios, mientras que una minoría buscó refugio en las ruinas de la ciudad de Algeciras, deshabitada desde que en 1379 la ciudad fue destruida e incendiada por los árabes al ver que serían incapaces de conservar la ciudad ante el avance de las tropas cristianas.

El rey de España Felipe V, nombre con el que fue coronado Felipe de Anjou, ordenó al Marqués de Villadarías que sitiara a la Plaza de Gibraltar. Este primer intento de recuperar la ciudad resulta infructuoso y el ejército español levantó el asedio. Sin embargo, a fin de vigilar el istmo y oponerse a una posible invasión del resto del territorio, estableció una guarnición permanente en esta zona y creó el Gobierno Militar del Campo de Gibraltar.

En 1713 se firmó el Tratado de Utrecht por el cual España cedía Gibraltar a Inglaterra. Curiosamente el tratado sólo hace referencia a la cuestión en un artículo, el décimo.

El 1 de agosto de 1704, una flota angloholandes al mando del almirante George Rooke llegó a las costas de Gibraltar. El objetivo del ataque era imponer la fidelidad al archiduque Carlos en la plaza de Gibraltar. Para ello situó un total de 61 navíos totalmente equipados, con más de 30.000 tripulantes, en la bahía de Algeciras frente al puerto de Gibraltar.

Gibraltar por aquel entonces contaba únicamente con una fortificación medieval reconstruida más de 100 años atrás, y una población de tan sólo 5.000 habitantes, de los cuales apenas 100 eran militares. Pese a que regiones como Cataluña o Baleares defendían la soberanía del archiduque Carlos de Austria, Gibraltar y la mayoría del sur de España habían mostrado ya su fidelidad a Felipe V.

 

El Sargento Diego de Salinas, tan pronto como avistó el gran ejército frente a la costa de Gibraltar, reunió a los escasos mandos militares para diseñar la forma más eficaz de defender la plaza. Entre civiles y militares consiguió reunir a un total de 470 hombres que se repartieron en los distintos puestos de defensa desde primeras horas de aquel mismo día.

La Línea de Contravalación o La Línea de Gibraltar

Gibraltar estuvo bajo vigilancia constante y fue sitiada en varias ocasiones (1727, 1779 – 1783) sin demasiada suerte para los ejércitos españoles. Los ingleses, más fuertes que nunca, iniciaron una política expansionista, comiendo terreno al istmo, que no estaba contemplado en el Tratado de Utrecht. Ante este hecho, el gobierno español tomó una decisión que sería fundamental en la historia de la futura Línea de la Concepción: la construcción de una plaza fuerte, Línea de Contravalación o Línea de Gibraltar.

Esta orden fue dada el 2 de noviembre de 1730 al director de Ingenieros, Isidro Próspero de Verboom, para la construcción de dos fuertes, uno situado a levante y otro a poniente del istmo, unidos ambos por una línea de fortificación, con el propósito de impedir el tránsito y hacer prevalecer los derechos sobre el istmo, además de hacer patente la presencia española en la zona, prohibiendo a los barcos ingleses el atraque fuera del puerto de Gibraltar.

En 1731 se inició la construcción de los dos grandes fuertes, llamados de Santa Bárbara y San Felipe. El primero recibe este nombre en honor de la Patrona del Arma de Artillería, ubicándose en la playa de levante, siendo aún visibles sus restos. El segundo toma su nombre en honor del rey, Felipe V, y se sitúa en la playa de poniente.

Entre estos dos fuertes se construyó una gran muralla central con varias plazas de armas en punta de diamante con sus cuerpos de guardia respectivos, discurriendo desde Santa Bárbara a San Felipe. Todos ellos, se encontraban situados a una distancia equidistante, llamados de Santa Mariana, San Benito, semi-plaza de armas y cuerpo de guardia de San José, San Fernando y San Carlos.

Se finalizaría la construcción de esta formidable línea defensiva con todos sus baluartes en 1735: la llamada Línea de Contravalación o Línea de Gibraltar.

Así pues, en sus orígenes La Línea no fue más que una especie de campamento “provisional” formado por artesanos y comerciantes que abastecían a los militares y a sus familiares en las proximidades de las fortificaciones levantadas para asediar Gibraltar, ya que por ser un territorio en conflicto no se autorizaba el asentamiento de población civil de forma estable.

Las fortalezas de La Línea de Gibraltar quedarían intactas durante veinte años, cumpliendo el objetivo por las que fueron construidas. A principios del siglo XIX se produce la invasión de la península Ibérica por parte de las tropas francesas, España, había firmado un pacto de defensa con Inglaterra para luchar contra los franceses en la Guerra de la Independencia Española.

 

Con el pretexto del temor a que las tropas de Napoleón Bonaparte, que ya habían llegado a la comarca campo gibraltareña, se adueñasen de esta línea fortificada, los españoles accedieron a que el coronel británico Holloway, jefe de ingenieros en la guarnición de Gibraltar, derribase las fortificaciones españolas y las baterías de sus alrededores, procediendo a su voladura el día 14 de febrero de 1810.

 

Tras la destrucción de la línea física que bloqueaba el paso por el istmo, la ciudad continuó creciendo con una gran dependencia de Gibraltar, ya que cubrió las necesidades de todo tipo de la colonia británica (suministro de alimentos: carnes, frutas, verduras y hortalizas, de recreo y diversión, de espacio físico para alojamiento próximo de una fuerza de trabajo abundante al servicio de un Imperio en expansión, etc.).

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